Un mundo a nuestra medida
Un anhelo peligroso del hombre es convertir todo cuanto le rodea en una viva imagen de un mundo perfecto. Un mundo perfecto personal, lleno de anhelos, sueños y metas personalmente propuestos. Este hombre hace todo lo posible porque la gente a su alrededor, las circunstancias y las vivencias se asemejen a la perfección a una falsa idea personal de perfección. Todo lo ajeno a esta idea debe ser destruido o doblegado.
Bajo este tamiz, las personas son adaptables a deseos propios, toda circunstancia es objeto de cambio futuro y toda decisión es irremediablemente definitiva sin opción a diálogo. Todo gira en torno a uno mismo, como el modelo de hombre perfecto con el que Da Vinci marcó el Renacimiento y dio el pistoletazo de salida al antropocentrismo en Occidente. Esto es lo que ha llevado a mucho líderes ha intentar modelar el mundo circundante a su parecer, a su ideal de perfección y grandeza. Desde Adolf hasta Muamar, pasando por José Luis y Vládimir. El transcurrir del tiempo ha puesto a estos personajes frente a la realidad, una realidad que no parte de la libertad impuesta personalmente, sino de la armonía de libertades que, respetándose, buscan un mundo real.
Es bueno pensar si el mundo que estamos construyendo es uno realmente humano o ficticiamente personal.

oye,muy bonito y todo eso. ya sabeis, en vuestra linea pero hay una cosa q no me cuadra. cómo puede un mundo perfecto estar lleno de anhelos, sueños y metas propuestas? si es perfecto no hay carencias y por tanto no hay anhelo sino satisfacción, no hay sueños sino realidades y las metas deben ser logradas, no propuestas. voch, tío, lee lo que escribes., un abrazo!