Bonita manera de enfocar el nuevo año
Creo que poco más hay que decir, ahora es momento de retos, promesas personales, objetivos para encarrilar un nuevo año. Espero que el video pueda dar alguna idea.
¡A comernos el mundo!
En muchas ocasiones todos necesitamos motivación, necesitamos que alguien nos anime, nos dé un empujón. En definitiva, que nos digan lo que podemos llegar a ser capaces de ser o de hacer es, en muchas ocasiones, un aliciente para que vayamos a por todas.
Que este entrenador, que lo que dice, nos lo creamos: no hay que rendirse, hay que triunfar. Who am i? I am a champion
La lámpara se ha dejado de frotar
Quevedo dijo: “No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca”, nunca mejor dicho para Steve Jobs. Puede que no nos quede mucho por saber de este genio de la tecnología contemporánea, pero si que nos queda aplicar a nuestra vida su capacidad de trabajo y su desbordante ilusión por vivir. Una historia excepcional que reflejó cuando habló en la Universidad de Standford y que pasa a formar parte del legado cultural del s. XX y XXI.
Un mundo a nuestra medida
Un anhelo peligroso del hombre es convertir todo cuanto le rodea en una viva imagen de un mundo perfecto. Un mundo perfecto personal, lleno de anhelos, sueños y metas personalmente propuestos. Este hombre hace todo lo posible porque la gente a su alrededor, las circunstancias y las vivencias se asemejen a la perfección a una falsa idea personal de perfección. Todo lo ajeno a esta idea debe ser destruido o doblegado.
Bajo este tamiz, las personas son adaptables a deseos propios, toda circunstancia es objeto de cambio futuro y toda decisión es irremediablemente definitiva sin opción a diálogo. Todo gira en torno a uno mismo, como el modelo de hombre perfecto con el que Da Vinci marcó el Renacimiento y dio el pistoletazo de salida al antropocentrismo en Occidente. Esto es lo que ha llevado a mucho líderes ha intentar modelar el mundo circundante a su parecer, a su ideal de perfección y grandeza. Desde Adolf hasta Muamar, pasando por José Luis y Vládimir. El transcurrir del tiempo ha puesto a estos personajes frente a la realidad, una realidad que no parte de la libertad impuesta personalmente, sino de la armonía de libertades que, respetándose, buscan un mundo real.
Es bueno pensar si el mundo que estamos construyendo es uno realmente humano o ficticiamente personal.
Impresionante
Ninguna congregación multitudinaria de personas tiene un valor humano tan grande como el que acabamos de vivir en Madrid durante las Jornadas Mundiales de la Juventud. Abordar este encuentro desde fuera, con una mirada objetiva y sin sesgos, supone encontrarse con un misterio.
Más de 1.500.000 de jóvenes reunidos en torno a un anciano de 84 años que prefiere desgastarse a retirarse a un merecido descanso, ¿qué pasa aquí? Además, la finalidad de este encuentro no consiste en llegar a un acuerdo político, económico o ideológico, la finalidad es algo tan sencillo como conocerse y conocer a una persona que, misteriosamente, carece de un cuerpo humano concreto. Sí, esto es un disparate, una locura de la que todos deberíamos aprender mucho y ser partícipes.
Corremos el riesgo de pensar que esta JMJ no pasa de ser una aglutinación más como un concierto o un meeting político, pero, sin duda alguna, no es eso. Este evento ha supuesto un cambio radical en la vida de personas tanto jóvenes como mayores y el porqué de este cambio es difícil de explicar, si es que se puede. El cambio es la consecuencia del choque con algo, del encuentro.
«En medio del abismo de la duda,
lleno de oscuridad, de sombra vana,
hay una estrella que reflejos mana…
Sublime, sí, mas silenciosa, muda».
El nicaragüense Rubén Darío deja traslucir en esta primera estrofa de su soneto “La Fe” el asombro y el misterio de ese motor que ha movido las Jornadas Mundiales de la Juventud y que ha cambiado a sus asistentes, la Fe. Como consecuencia de ese misterio que es la Fe los asistentes han sembrado, como se ha visto, Amor. La Beata Madre Teresa de Calcuta decía que la consecuencia de la Fe es el Amor y que la consecuencia del Amor es el Servicio. Esto último es lo que de ahora en adelante deben poner en práctica los que han estado en la JMJ de Madrid, el servicio. Servicio a una sociedad que cada vez necesita más de los valores que se han visto en estas jornadas: la alegría, la amistad, la fe o el amor. Si dejamos, por fútil que parezca, que estos sean los valores que imperen en cada persona podremos ver un cambio drástico en nuestra sociedad cuyos ídolos dejan a las personas vacías y con ganas de más.
Comprender lo que ha sucedido en estos días en Madrid es imposible, pues como dice Woody Allen en su película Manhattan: «Nada que valga la pena puede ser entendido con la mente». Sin embargo, este encuentro de valores humanos y religiosos dará sus frutos y podremos vivir lo que por ahora, nos ha dejado boquiabiertos.
LEO MESSI con mayúsculas
¿Qué mejor momento para hablar de Leo Messi? Ayer ganó la Supercopa de España en otro partido impresionante, pero no estamos para hablar de fútbol aquí sino de superación. Messi no sólo es, probablemente, el mejor jugador del mundo, también nos brinda una historia de superación sin igual. Y es que Messi ha sacrificado mucho por estar ahí y ha dado un claro ejemplo de que la calidad, sin esfuerzo y trabajo, no sirve de nada. Como bien diría Einstein: “El genio se hace con un 1% de talento, y un 99% de trabajo”.
Vuelvo aquí a traer un vídeo de “Informe Robinson” porque me parecen espectaculares y creo que nada lo puede explicar mejor. Disfruten.
Fuente: Informe Robinson
Lo mío es mío y de nadie más
Hace unos días llegó a mi mail este cuento:
“Cuando aquella ta
rde llegó a la vieja estación, le indicaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquello o hacer como que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. ‘No podrá ser tan descarado’, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! – dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada – contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida… La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: ‘¡Que insolente, que maleducado, que grosero!’. Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.”
Qué mal hacemos tantas veces cuando juzgamos sin saber, cuando no nos paramos a pensar… Este cuento, y para desgracia de muchos, es un reflejo de nuestro actuar en muchos momentos del día. El relato no lo especifica pero si encima el joven tuviese “malas pintas” seguramente la señora ya tendría una excusa para su reacción, ¿qué nos está pasando? Ojalá este cuento nos haga pensar que la bondad no es cosa de niños y que sí puede existir, por lo menos, ojalá nos cercioremos de que la bondad, en parte, puede depender de nosotros.
Cuando el cuerpo duele, el alma aumenta
Hace dos años estuve en Polonia haciendo un campo de trabajo, la tarea consistía en reconstruir una especie de colegio. Fue un buen verano, Polonia me ayudo a ver y valorar cosas que no había hecho antes. Si bien es verdad, trabajar en verano pudiendo estar en la playa costaba, eran trabajos a pleno sol de los cuales ni tu cuerpo ni tu mente estaban acostumbrados. Ese verano entendí lo que significa la satisfacción después del buen trabajo realizado, joe que si lo entendí.
Para momentos de cansancio y desesperación; cuando observaba que los muros apenas subían y mis brazos ya no respondían como al principio estaba un polaco, un hombre (creo que el jardinero) muy grande y muy gracioso. No me acuerdo de su nombre pero, de lo que sí me acuerdo es de su “leitmotiv laboral”; “Eduardo: cuando cuerpo duele, alma aumenta”, lo decía siempre riéndose cuando me quejaba del trabajo, eso sí, hasta que no lo pensé esas palabras no me agradaban, eran odiosas, cómo vas a dejar de mover ladrillos después de esas palabras, y de ese hombre…
Ahora ya no estoy de campo de trabajo, pero esta “cita polaca” la sigo aplicando cada día consiguiendo, unas veces más y otras menos, olvidar el dolor y la pereza que arrastro en las acciones de cada día. Nunca sabré si lo consigo porque en mi cabeza está ese polaco enorme o, porque, en realidad, es una verdad como un templo, lo que sí tengo claro es que con esa cita suelo ser vencedor en mis dilemas a la hora de trabajar.
¡Fuera sospecha!, bienvenida confianza
Sospechamos de todas las personas, somos incapaces de confiar ciegamente. Los niños, grandes maestros, poseen una capacidad para confiar que en una persona madura resultaría casi síntoma de locura. Es indiscutible que en cualquier momento podemos ser traicionados por alguien, pero esto no debería fomentar la sospecha. Normalmente estamos “con la mosca detrás de la oreja” por que tenemos la experiencia, desde temprana edad, de poder ser traicionados: nos quitaron la novia, se chivaron de que copié en un examen… Sin embargo la aliada debe ser la confianza.
“El hombre es un ser social por naturaleza” y esto es, en su sentido más profundo, que el hombre es un ser necesitado de confianza. Cuando no confiamos en nadie nos pasa lo que a Marlon Brando en “El Padrino” a quien la experiencia le enseñó a ser desconfiado: no tenía amigos, su familia vivía en un mentira aparentando ser corrientes y le acechaba un constante peligro. Nadie quiere eso en su vida. Debemos gritar imperativamente a la sospecha que se marche y dar la bienvenida a la confianza. Es de suma importancia saber abandonarse en las personas que nos pueden ayudar, en las que podemos confiar y en las que nos quieren.
Antes que tener confianza en uno mismo, debemos confiar en los demás. En lo que los demás piensan de nosotros hay más verdad, a veces, que en lo que cada uno piensa de uno mismo. Merece la pena arriesgarse y confiar, aunque podamos ser defraudados.
Diversión en el trabajo
Siempre pensamos que el trabajo es algo pesado y que hay que quitárselo de encima lo antes posible para disfrutar de todo lo demás. Pero lo cierto es que en el trabajo también se puede disfrutar, y de hecho hay que hacerlo porque gran parte de nuestra vida la pasamos trabajando, y no vamos a estar toda la vida “amargados”, ¿no? Hay que reconocer que el trabajo es duro, pero no hay que verlo como algo malo sino como algo con lo que puedes ayudar a los demás. Todo trabajo tiene un porqué y si vamos al fondo de cada una de nuestras profesiones todas llevan a algo en común: el servicio a los demás. Si vemos nuestro trabajo de esta manera todo resulta más fácil, porque trabajar no se convierte en algo difícil sino en algo que hace fácil la vida a los demás.
Para toda esta ardua tarea de transformar algo duro en algo divertido es evidente que hay que poner cada uno de su parte, esforzarse por esbozar una sonrisa cuando las cosas se complican e intentar disfrutar con lo que se hace. Ya decía Confucio que “si amas lo que haces, nunca será un trabajo”.
Ayer vi en Twitter esta frase: “Inicia el día con una sonrisa, dibújala, créala, píntala… no importa, sólo vístete con ella y encontrarás el éxito”. Lo cierto es que me encantó, y es tan verdad como la vida misma, hay que sonreír y tratar de pasarlo bien en todo momento. Os dejo aquí un vídeo que hicimos para un trabajo de clase, es una tontería, pero nos lo pasamos bien a pesar de ser un trabajo como se puede ver al final en las tomas falsas. Lo cierto es que nos mandaron hacer una campaña para una cosa de la facultad, resultó que lo que en un principio parecía un trabajo del que todo el mundo quería escapar se convirtió en algo ameno y entretenido, y lo mejor de todo es que salió bien. A veces la diversión y el tener un ambiente distendido hace que el trabajo resulte más fácil y que la calidad del mismo aumente. Mi consejo: trabaja con una sonrisa y ésta hará sencillas las cosas.


